Se publica carta de trece cardenales en el Sínodo para el Papa Francisco

Foto: L'Osservatore Romano

VATICANO, 12 Oct. 15 / 09:59 am (ACI).- El vaticanista italiano Sandro Magister publicó hoy una carta de trece cardenales en la que expresan su preocupación por el sistema de funcionamiento del Sínodo de la Familia en el que participan estos días.

La carta, indica Magister, fue entregada por el Cardenal George Pell, Prefecto de la Secretaría Económica de la Santa Sede, el lunes 5 de octubre que fue el primer día de reuniones del Sínodo.

Los firmantes de la carta citados por Magister serían: Carlo Caffarra (Italia); Thomas C. Collins (Canadá); Timothy M. Dolan (Estados Unidos); Willem J. Eijk (Holanda); Péter Erdõ (Hungría, Relator General del Sínodo); Gerhard L. Müller (Alemania, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la fe); Wilfrid Fox Napier (Sudáfrica); George Pell (Australia); Mauro Piacenza, (Italia, Penitenciario Mayor); Robert Sarah, (Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los sacramentos); Angelo Scola (Italia); Jorge Urosa Savino (Venezuela); y André Vingt-Trois (Francia).

Al ser consultado sobre la carta, el vocero del Vaticano, P. Federico Lombardi, dijo en conferencia de prensa que “tratándose de un documento reservado, no tengo nada que decir o comentar”.

“Puedo comentar sobre las trece personas indicadas como firmantes que se debe verificar si es verdad o no, porque dos de ellos han dicho no haber firmado nunca algo similar”. Estas dos personas, indicó, “son el Cardenal Ving-Trois y el Cardenal Scola, y se lo han dicho explícitamente a quienes les han interrogado”.

Además, los Cardenales Peter Erdo y Mauro Piacenza también han desmentido que hayan firmado la carta entregada al Papa.

Esta es la carta publicada por Sandro Magister en su blog:

“Santidad,

Mientras inicia el Sínodo sobre la familia, y con el deseo de verlo servir provechosamente a la Iglesia y a usted en su ministerio, respetuosamente le pedimos que tome en consideración una serie de preocupaciones que tienen otros padres sinodales y que nosotros compartimos.

Si bien el documento preparatorio del Sínodo, el "Instrumentum laboris", tiene puntos admirables, también tiene secciones que se beneficiarían de una sustancial reflexión y reelaboración. La nueva metodología que guía el sínodo parece asegurar una excesiva influencia sobre las deliberaciones del sínodo y el documento sinodal final. Tal y como está, y dada la preocupación que han expresado muchos padres acerca de varias secciones problemáticas del mismo, el Instrumentum no puede servir de manera adecuada como texto guía o fundamento de un documento final.

Algunos ambientes considerarán que a la nueva metodología sinodal le falta apertura y genuina colegialidad. En el pasado, el método de presentar propuestas y votarlas tenía como valioso fin saber la posición de los padres sinodales. La ausencia de propuestas y de las correspondientes discusiones y votaciones parecer desalentar un debate abierto y limitar las discusiones a los circoli minori; por consiguiente, nos parece urgente que se restablezca la redacción de propuestas que deberán ser votadas por todo el sínodo. Votar un documento final llega demasiado tarde en el proceso para una revisión total del mismo y un ajuste serio del texto.

Además, la falta de participación de los padres sinodales en la composición del comité de redacción ha creado un notable malestar. Sus miembros han sido nombrados, no elegidos, sin consulta previa. Del mismo modo, cualquiera que forme parte de la redacción de cualquier texto a nivel de los circoli minori debería ser elegido, no nombrado.

A su vez, estos hechos han creado el temor de que la nueva metodología no siga el espíritu tradicional y la finalidad de un sínodo. No se entiende la necesidad de estos cambios en la metodología. A un determinado número de padres les parece que la nueva metodología está configurada para facilitar unos resultados predeterminados sobre cuestiones importantes que son objeto de controversia.

Por último, y es tal vez lo más urgente, varios padres han expresado su preocupación de que un sínodo planificado para afrontar una cuestión pastoral vital -reforzar la dignidad del matrimonio y la familia- pueda llegar a estar dominado por el problema teológico/doctrinal de la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar por lo civil. Si así fuera, esto inevitablemente levantaría cuestiones aún más fundamentales sobre cómo la Iglesia, en su camino, debería interpretar y aplicar la Palabra de Dios, sus doctrinas y sus disciplinas a los cambios en la cultura. El colapso de las iglesias protestantes progresistas en la época moderna, acelerado por su abandono de los elementos clave de la fe y de la práctica cristiana en nombre de la adaptación pastoral justifica una gran cautela en nuestras discusiones sinodales.

Santidad, le ofrecemos estos pensamientos en un espíritu de fidelidad y le agradecemos que los tome en consideración.

Fielmente suyos en Jesucristo”.