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Testimonio de los Paloni, una familia ‘extraordinariamente’ normal


Entrevista a Massimo y Patrizia, pareja del Camino Neocatecumenal, desde hace 11 años en misión en Holanda, padres de 12 hijos, entre ellos David, que con 4 meses es el ‘padre sinodal’ más joven de la historia


Roma, 12 de octubre de 2015 (ZENIT.org) Salvatore Cernuzio

Desde que la foto de su carita, con el chupete en la boca y la mirada temerosa en el Aula nueva del Sínodo, apareció en todos los medios de comunicación del mundo, se convirtió en la estrella de la Asamblea 2015: Davide Paloni, 4 meses, rebautizado como ‘el padre sinodal más joven de la historia’. Y la atención mundial se trasladó rápidamente sobre sus padres: el padre Massimo y la madre Patrizia, fotografiada en el Vaticano con carricoche y biberón.

Padres de 12 hijos (seis chicos y seis chicas), se mudaron desde Roma a Holanda hace 11 años, participan en el Sínodo de los Obispos sobre la familia. La pareja --45 años él, 41 ella-- del Camino Neocatecumenal cuenta a ZENIT cómo están viviendo esta experiencia y cómo viven la fe católica en familia.

Sobre los otros hijos, que se han quedado en Holanda, comentan: “se ayudan entre ellos, los grandes cuidan a los pequeños, les ayudan a hacer las tareas. Hay una gran armonía y también una gran alegría”. Massimo explica cómo llenó su vida y la de toda la familia la elección --según muchos absurda-- de renunciar a una vida cómoda, un trabajo como manager, para trasladarse a un país extranjero y anunciar el Evangelio.

“Nuestra experiencia de misión nace de la gratitud al Señor por todo lo que ha hecho en nuestra vida. Nos ha ayudado en los momentos difíciles de nuestra vida y de nuestro matrimonio…”, asegura. Él ya estaba acostumbrado, procediendo de una familia en misión, también en Holanda procedente de la parroquia romana de san Luigi Gonzaga.

Para los hijos al principio “el aterrizaje” fue más difícil. “Nos fuimos cuando eran pequeños. Cinco nacieron en Roma, el resto en Maastricht”. Aún así, dice el padre, “ha sido bonito, también porque en las primeras dificultades, como aprender la lengua, integrarse en la escuela, en la sociedad … han entendido que había un sentido en la misión que estaban desarrollando, que no sufrían inútilmente, que había un bien más grande”.

A estos hijos --el mayor tiene 19 años-- Massimo y Patrizia están tratando de transmitir la fe: “Rezamos juntos los laudes el domingo por la mañana, un momento en el que a la luz de la Palabra de Dios tenemos un diálogo para entender si hay problemas, crisis, para pedirnos perdón y reconciliarnos: nosotros con ellos o entre ellos”.

Y sobre esta experiencia Massimo comenta: “trabajaba como manager de cuentas de HP. Tenía el coche, el ordenador, el teléfono de empresa, iba a ver partidos deportivos internacionales, todo ‘cosas muy bonitas’... El día antes de marchar entregué todo”. Después, “cuando fuimos allí, pensé: ‘encontraré trabajo enseguida, tengo un buen currículum, hablo muchas lenguas’; sin embargo Dios se ha encargado de hacernos entender que la misión la lleva adelante Él, con sus tiempos y sus formas. Por tanto, al principio me las arreglé, hice trabajo de limpieza por un periodo, trabajé en un call center… Después el trabajo de evangelización aumentó, por tanto ahora somos itinerantes y nos dedicamos al 100% a la evangelización”.

“¿Y de qué vivís?”, es la pregunta que surge instintiva. “De la providencia”, responde Massimo, “que concretamente se manifiesta en la ayuda que nos ofrece nuestra comunidad”. “Fuimos realmente sin nada: teníamos algún colchón, los cartones de las cajas hacían de mesillas”, cuenta Patrizia. “Pero ha sido extraordinario porque hemos sido espectadores de las sorpresas de Dios. Un día, por ejemplo, nos llamó una inmobiliaria y nos dice: ‘ha venido aquí una persona que ha visto que no tenéis armario. Tenéis que venir a elegir el armario que queréis…’. Por no hablar de las bolsas de compra anónimas que encontrábamos en la puerta de casa”.

En Holanda “están impresionados de forma positiva de nuestra familia”, afirma la pareja. “Cuando nos ven nos pregunta, y esa es una ocasión única para contar nuestro testimonio y dar una palabra”.

Una acogida positiva han encontrado también en el Sínodo. “¡Fantástico!”, exclama Massimo, “nos han dedicado una acogida excepcional, empezando por el Papa que, cuando nos ha visto estaba contentísimo, nos ha sonreído y ha bendecido a toda la familia; después la Secretaría, los obispos, los cardenales y los otros participantes. Nos han acogido como Jesús”.

El mérito es también de Davide. Los padres sonríen: “este niño suscita alegría, ternura… Lo llaman el ‘niño sinodal’” dicen orgullosos, “pensamos que Dios haya querido que estuviera presente en la Asamblea”. Patricia --explica el marido-- ya estaba embarazado cuando la Secretaría a través de la nunciatura holandesa nos contactó, pero no habíamos calculado los tiempos… Creo que en su pequeñez esté haciendo un buen servicio porque hace presente la belleza de una familia”.

“¿Y vosotros qué servicio estáis dando al Sínodo”, les preguntamos. “Estamos presentes como familia misionera, traemos nuestra experiencia. En nuestra intervención hablaremos de nuestra vida y nuestra fe, y qué hay detrás, cómo ha nacido, cómo se ha desarrollado gracias al Camino Neocatecumenal que nos ha ayudado a comprender y vivir a fondo las enseñanzas de la Iglesia”. “Sobre todo las enseñanzas de la Humanae Vitae”, subraya Massimo, explicando que la apertura a la vida ha sido para ellos “no un peso, sino una gracia que nos ha dado alegría”. “Somos personas normales que tienen detrás un camino de iniciación cristiana que nos ha ayudado a profundizar y hacer crecer nuestra fe. Esto ha hecho que nos pudiéramos abrir a la vida, a pesar del egoísmo, de nuestros defectos…”.

El Sínodo será una ocasión para “dar gloria a Dios contando todos estos dones delante de los representantes de las Iglesias del mundo”. Pero también una ocasión para recibir algo: “es realmente interesante escuchar gente tan cualificada debatir sobre un tema fundamental como la familia”, dice Patrizia. “Se ve que los pastores tienen un vivo deseo de ayudar a la familia, de relanzarla. Hay un gran celo y es lo que hasta ahora nos ha conmovido más”. También “me ha impresionado cuánta comunión se ha creado con otras familias. Todos traemos una experiencia diferente: por procedencia, camino de fe, tipología de familia, pero estamos reunidos por el mismo espíritu. Somos muchas familias que no se han visto nunca antes, que nos conocemos desde hace poco días, pero desde el principio Dios ha creado la comunión”.

(12 de octubre de 2015) © Innovative Media Inc.

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