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La Televisión Vs la Familia?

Los medios de comunicación siempre han sido importantes para unir a los hombres. Por medio de ellos se puede llevar mensajes a las personas, noticias de lo que sucede en nuestro mundo.

Los medios de comunicación actuales tienen una gran influencia en las personas. La televisión es el medio que más es visto porque no falta un hogar en el que no haya un aparato trasmisor.
Muchas casas por humildes que sean, tienen un televisor.

Los medios anteriores eran los libros. Mucha gente aprendió a leer por medio de ellos. Después apareció el radio y en casi todos los hogares había una radio. Apareció la televisión y en todos los hogares había una televisión.
Ahora el internet es el medio utilizado en muchos lados.

A mi modo de ver, si Dios permite que existan es para ser utiizados para bien de los hombres. El mal uso que se haga de ellos redunda en el mal para los hombres.

Al Papa Paulo VI le correspondió ver la influencia que la radio y la televisión ibam teniendo sobre las personas. E hizo un llamado para que fuera utilizado con responsabilidad y sirviendo a Dios.
"El que tenga oidos, que escuche". Y la radio apareció en el mundo.
Tenemos oidos y escuchamos, pero ¿qué escuchamos?
Ese es el libre albedrio que Dios nos da. Elegir escuchar música agradable a Dios o elegir música que nos impulse a hacer cosas erróneas.

La televisión irrumpió con fuerza en el mundo y el Papa Juan Pablo II también hizo varios llamados a ser utilizada con responsabilidad.
Recuerdo en México las series que nos brindaba la televisión: eran sanas, eran series que no incitaban a la promiscuidad ni a vivir de una manera inadecuada. Divertía, informaba, servía a la humanidad y a Dios.

Sin embargo, poco a poco se dejó influir por otros criterios y hemos llegado a ver en ella escenas que rayan en pornografía. Se ven escenas de cama, se ven escenas super violentas, aduciendo que ésa es nuestra realidad.
Y yo veo que no es cierto. Somos humanos, los animales se aparean a la vista de todos. Dios nos hizo semejantes a El, nos dió un cuerpo que es templo del Espíritu santo.
El aparearse en vivo y a todo color por televisión como lo hacen en la actualidad, no es agradable a los ojos de Dios, porque somos seres humanos no animales.

Nos muestra que hay asesinatos, pero no rechazándolo sino haciendo de ésos momentos los más fuertes de la película, de la serie, de la telenovela.
Se ha tachado a las personas que creemos en Dios de mojigatas, de no querer ver la realidad, de querer tapar el sol con un dedo, etc. etc.

Y muchos hemos caido en creer que es verdad. Y ahora vemos en nuestras casas mismas inicuidades.

"Y dijimos que estaba bien".
No quiero de ninguna manera llegar a conclusiones erróneas, pero me parece muy curioso el hecho de que en el temblor que azotó a la Ciudad de México y que tiró edificios y en donde murió mucha gente, la televisión mexicana fué de las que más sufrió. Se cayeron teatros, se cayeron edificios que le pertenecían, artistas sufrieron pérdidas. Se cayeron restaurantes de personas que se alejaron de Dios.
Casas humildes como la de mi mamá, de adobe no sufrieron ni una grieta, edificios altos no cayeron, pero se derrumbaron edificios, casas, escuelas, lugares de trabajo donde mucha gente padeció.
Patrones se alejaron de Dios, abusaban de sus obreros.
Escuelas privadas se derrumbaron, personas cobraban y se hacían ricas a costa de otros. Las personas tenían que comprar en ellas o en el lugar que ellas le señalaban desde el lápiz hasta el uniforme.
Llegó tanta la codicia de muchos dueños de escuela que mandaban a hacer telas especiales que no las había en otros lugares para obligar a comprar en los lugares que ellos indicaban, que por supuesto les pertenecían a ellos o a sus familiares. Los lápices y cuadernos llevaban el logo de la escuela.
Fué creciendo su codicia y llegó un momento que Dios se cansó de tanto hedor que subía al cielo desde mi ciudad. Se cambió el incienso por el hedor de la corrupción.
"No busques entre los muertos al que está vivo" nos dice la Palabra de Dios.
El que vive es Jesucristo, muchos caminamos por las calles vacíos, muertos de espíritu, llenos de codicia y demás.

Mi ciudad padeció mucho por sus propias faltas. Familias enteras se alejaron de Dios, familias enteras preferían ver series violentas y películas pornográficas a ver cosas agradables. Preferían música alejada de Dios.
Personalmente no escucho música en inglés porque no sé lo que dicen sus letras y no voy a cantar aquellos que no conosco.
"No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de su boca"
Debo cuidar lo que dice mi boca, incluyendo lo que canto.

El Papa Benedicto XVI ha hecho el mismo llamado. Ha hecho un llamado a utilizar el internet con responsabilidad y hacer de él un medio para dar a conocer el mensaje de paz que es Cristo.

Sin embargo, las televisoras continuan presentando cada vez más escenas violentas, escenas de cama, utilizan a niños y adolescentes en ellas.
En mi casa, he tratado de evitar que mis hijos vean ése tipo de series.
He dejado de ver novelas porque se han alejado del mensaje de Dios. Ya no son series blancas las que se presentan como antes.

No estoy en contra de la televisión, de la radio ni del intenet sino de que se haga mal uso de ellos para llevar pornografía a las casas.
"Ay de aquél que ofenda a uno de éstos" dijo Jesús cuando le preguntaron quien es más grande en el Reino de los cielos, y señaló a un niño.

Asi que ahora através de la televisi↕n, la radio, el internet se ataca a ésos niños. Y los padres no cuidamos lo que ven nuestros hijos, los dejamos con la tele, con el radio, con el internet oyendo, viendo lo que sea.

Ese, padres es nuestro pecado. El de las televisoras, radio e internet, el llevar mensajes no adecuados.

No podemos perder la batalla contra el demonio que nos pone tantas piedras en el camino para que nuestros hijos se pierdan y con ellos, nosotros y toda la humanidad.


Salmo 94
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes.
Suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
"No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto:
cuando vuestros padres me pusieron a prueba,
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras
."

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
"Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso."

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén


¿Qué dice el Catecismo sobre la Libertad y la responsabilidad?
¿Conoces comunicador qué dice el Catecismo sobre la libertad y qué responsabilidades tienes? Fragmentos del Catecismo que hablan sobre la libertad humana y sus amenazas; incluyen la de opinión.


¿Qué dice el Catecismo sobre la Libertad y la responsabilidad?
ARTÍCULO 3
LA LIBERTAD DEL HOMBRE

1730 Dios ha creado al hombre racional confiriéndole la dignidad de una persona dotada de la iniciativa y del dominio de sus actos. “Quiso Dios ‘dejar al hombre en manos de su propia decisión’ (Si 15,14.), de modo que busque a su Creador sin coacciones y, adhiriéndose a El, llegue libremente a la plena y feliz perfección”(GS 17):

El hombre es racional, y por ello semejante a Dios; fue creado libre y dueño de sus actos. (S. Ireneo, haer. 4, 4, 3).

I Libertad y responsabilidad
1731 La libertad es el poder, radicado en la razón y en la voluntad, de obrar o de no obrar, de hacer esto o aquello, de ejecutar así por sí mismo acciones deliberadas. Por el libre arbitrio cada uno dispone de sí mismo. La libertad es en el hombre una fuerza de crecimiento y de maduración en la verdad y la bondad. La libertad alcanza su perfección cuando está ordenada a Dios, nuestra bienaventuranza.

1732 Hasta que no llega a encontrarse definitivamente con su bien último que es Dios, la libertad implica la posibilidad de elegir entre el bien y el mal, y por tanto, de crecer en perfección o de flaquear y pecar. La libertad caracteriza los actos propiamente humanos. Se convierte en fuente de alabanza o de reproche, de mérito o de demérito.

1733 En la medida en que el hombre hace más el bien, se va haciendo también más libre. No hay verdadera libertad sino en el servicio del bien y de la justicia. La elección de la desobediencia y del mal es un abuso de la libertad y conduce a “la esclavitud del pecado”(cf Rm 6, 17).

1734 La libertad hace al hombre responsable de sus actos en la medida en que éstos son voluntarios. El progreso en la virtud, el conocimiento del bien, y la ascesis acrecientan el dominio de la voluntad sobre los propios actos.

1735 La imputabilidad y la responsabilidad de una acción pueden quedar disminuidas e incluso suprimidas a causa de la ignorancia, la inadvertencia, la violencia, el temor, los hábitos, los afectos desordenados y otros factores psíquicos o sociales.

1736 Todo acto directamente querido es imputable a su autor:


Así el Señor pregunta a Adán tras el pecado en el paraíso: ‘¿Qué has hecho?’ (Gn 3,13). Igualmente a Caín (cf Gn 4, 10). Así también el profeta Natán al rey David, tras el adulterio con la mujer de Urías y la muerte de éste (cf 2 S 12, 7-15).

Una acción puede ser indirectamente voluntaria cuando resulta de una negligencia respecto a lo que se habría debido conocer o hacer, por ejemplo, un accidente provocado por la ignorancia del código de la circulación.


1737 Un efecto puede ser tolerado sin ser querido por el que actúa, por ejemplo, el agotamiento de una madre a la cabecera de su hijo enfermo. El efecto malo no es imputable si no ha sido querido ni como fin ni como medio de la acción, como la muerte acontecida al auxiliar a una persona en peligro. Para que el efecto malo sea imputable, es preciso que sea previsible y que el que actúa tenga la posibilidad de evitarlo, por ejemplo, en el caso de un homicidio cometido por un conductor en estado de embriaguez.

1738 La libertad se ejercita en las relaciones entre los seres humanos. Toda persona humana, creada a imagen de Dios, tiene el derecho natural de ser reconocida como un ser libre y responsable. Todo hombre debe prestar a cada cual el respeto al que éste tiene derecho. El derecho al ejercicio de la libertad es una exigencia inseparable de la dignidad de la persona humana, especialmente en materia moral y religiosa (cf DH 2). Este derecho debe ser reconocido y protegido civilmente dentro de los límites del bien común y del orden público (cf DH 7).

III. La libertad humana en la economía de la salvación
1739 Libertad y pecado. La libertad del hombre es finita y falible. De hecho el hombre erró. Libremente pecó. Al rechazar el proyecto del amor de Dios, se engañó a sí mismo y se hizo esclavo del pecado. Esta primera alienación engendró una multitud de alienaciones. La historia de la humanidad, desde sus orígenes, atestigua desgracias y opresiones nacidas del corazón del hombre a consecuencia de un mal uso de la libertad.

1740 Amenazas para la libertad. El ejercicio de la libertad no implica el derecho a decir y hacer cualquier cosa. Es falso concebir al hombre ‘sujeto de esa libertad como un individuo autosuficiente que busca la satisfacción de su interés propio en el goce de los bienes terrenales’ (CDF, instr. "Libertatis conscientia" 13). Por otra parte, las condiciones de orden económico y social, político y cultural requeridas para un justo ejercicio de la libertad son, con demasiada frecuencia, desconocidas y violadas. Estas situaciones de ceguera y de injusticia gravan la vida moral y colocan tanto a los fuertes como a los débiles en la tentación de pecar contra la caridad. Al apartarse de la ley moral, el hombre atenta contra su propia libertad, se encadena a sí mismo, rompe la fraternidad con sus semejantes y se rebela contra la verdad divina.

1741 Liberación y salvación. Por su Cruz gloriosa, Cristo obtuvo la salvación para todos los hombres. Los rescató del pecado que los tenía sometidos a esclavitud. ‘Para ser libres nos libertó Cristo’ (Ga 5,1). En El participamos de ‘la verdad que nos hace libres’ (Jn 8,32). El Espíritu Santo nos ha sido dado, y, como enseña el apóstol, ‘donde está el Espíritu, allí está la libertad’ (2 Co 3,17). Ya desde ahora nos gloriamos de la ‘libertad de los hijos de Dios’ (Rm 8,21).

1742 Libertad y gracia. La gracia de Cristo no se opone de ninguna manera a nuestra libertad cuando ésta corresponde al sentido de la verdad y del bien que Dios ha puesto en el corazón del hombre. Al contrario, como lo atestigua la experiencia cristiana, especialmente en la oración, a medida que somos más dóciles a los impulsos de la gracia, se acrecientan nuestra íntima verdad y nuestra seguridad en las pruebas, como también ante las presiones y coacciones del mundo exterior. Por el trabajo de la gracia, el Espíritu Santo nos educa en la libertad espiritual para hacer de nosotros colaboradores libres de su obra en la Iglesia y en el mundo.


Dios omnipotente y misericordioso, aparta de nosotros los males, para que, bien dispuesto nuestro cuerpo y nuestro espíritu, podamos libremente cumplir tu voluntad. (MR, colecta del domingo 32)

Resumen
1743 Dios ha querido ‘dejar al hombre en manos de su propia decisión’ (Si 15,14). Para que pueda adherirse libremente a su Creador y llegar así a la bienaventurada perfección (cf GS 17, 1).

1744 La libertad es el poder de obrar o de no obrar y de ejecutar así, por sí mismo, acciones deliberadas. La libertad alcanza su perfección, cuando está ordenada a Dios, el supremo Bien.

1745 La libertad caracteriza los actos propiamente humanos. Hace al ser humano responsable de los actos de que es autor voluntario. Es propio del hombre actuar deliberadamente.

1746 La imputabilidad o la responsabilidad de una acción puede quedar disminuida o incluso anulada por la ignorancia, la violencia, el temor y otros factores psíquicos o sociales.

1747 El derecho al ejercicio de la libertad, especialmente en materia religiosa y moral, es una exigencia inseparable de la dignidad del hombre. Pero el ejercicio de la libertad no implica el pretendido derecho de decir o de hacer cualquier cosa.

1748 “Para ser libres nos libertó Cristo” (Ga 5, 1).
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