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Importa quien te eduque?

Por: Laura Aguilar Ramírez

Tal vez alguna vez te has preguntado como yo: ¿porqué no embono en éste lugar? Por más esfuerzos que hago, no logro embonar en él.
Veo a las personas a mi alrededor y son definitivamente buenas personas, con sus defectos como todos, pero básicamente buenas personas.

¿Entonces qué ocurre?

Y no soy la única persona a quien le sucede ésto, gracias a Dios; de otro modo, pensaría que soy yo la que estoy "sola contra el mundo" o mejor dicho, la que está mal.

Antes que yo, algunos familiares también han luchado con ésa "barrera" que parece existir entre las personas de aquí y nosotros. ¿En qué somos distintos? No somos más ricos que ellos; al contrario, tal vez tengamos menos dinero que ellos.
Tampoco tenemos mucho más educación que ellos, ni mejores trabajos que ellos... y sin embargo, ésa barrera no la hemos puesto nosotros, sino ellos.

Me ha costado muchas lágrimas entenderlo, muchos esfuerzos, muchas luchas internas y he llegado a una conclusión: las personas que me rodean tienen una educación distinta a la mía y a la de las personas con las que me relacioné hasta antes de llegar aquí.
Y con educación no me refiero a un nivel escolar, sino a la educación que se recibe en casa.

A mí me educaron con dignidad, sabiendo que soy valiosa y que mi valor no me lo da el tener dinero, casas, ni grandes títulos. He sido amada y educada con amor; he sido cuidada por manos cariñosas; he sido curada y atendida en mis enfermedades por las mismas manos.

He sido reprendida cuando me he portado mal, por una voz que conocí desde pequeñita; la misma voz que me ha "chiqueado", que me llamaba "mi nena bonita, mi chiquita preciosa"; la misma voz que oraba por mí.

He sido "presumida" como su bien más valioso. Cuando pequeña, con el cariño con que miraban mis calificaciones o mis dibujos o mis diseños con plastilina o mis versos, unos ojos amorosos; con el mismo cariño con el que me llevaban unos pies diligentes a la escuela, corriendo para no llegar tarde. Y con el mismo cariño con el que me llevaban a bailar vestida de patito al clásico "Día de la madre".

He sido amada, cuidada, educada, protegida por mi madre.

En el lugar en donde vivo, la inmensa mayoría de las mujeres, trabaja. Muchas de ellas nunca asisten a las juntas escolares; cuando mucho se aparecen en el "Día de la madre". Muchas de ellas dejan a sus hijos a la "buena de Dios" o en manos no muy expertas, como la de los hijos mayores.
Y yo me pregunto: ¿vale la pena realmente? ¿Vale la pena perderse los maravillosos momentos de estar con sus hijos, de llevarlos a la escuela, de jugar con ellos? ¿Vale la pena perderte los momentos en que hacen juntos la tarea, o por lo menos la revisas?
¿Vale la pena perderte las oportunidades de consolarlos cuando se lastiman, de llamarles la atención sobre aquello en lo que se equivocan?

Yo sé que todas las madres hacemos lo que creemos mejor para nuestros hijos, que ninguna madre se va a trabajar sin pensar que es lo mejor para ellos, pero ¿realmente lo es?

Yo creo que no. Piensa simplemente en un ejemplo muy sencillo:
Tu hijo se cae accidentalmente... y tú estás trabajando. El es muy responsable, sabe lo que debe hacer pues le has enseñado...y lo hace: toma un algodón y se unta alcohol. La herida deja de sangrar, la herida queda limpia y no le va a causar ninguna infección, pero el consuelo de la madre que le dice: "sana, sana, colita de rana; si no sana hoy, sanará mañana" ¿quien se lo brinda?
Ese consuelo que necesita mucho más que el raspón que se hizo, va dejando poco a poco un vacio en su corazón. Un vacio que no llena la televisión, ni la computadora, ni el montón de juguetes o ropa que puedas comprarle. Nada puede llenar el sonido de la voz de su madre, ni la caricia de sus manos al vestirlo, ni la sonrisa de ella cuando hace algo bien, o la disciplina que aprende cuando ésa voz se endurece. Nada!!!

Y vuelvo a preguntarte: ¿vale la pena?

Tal vez alguien me diga: "Yo tengo una maravillosa ayuda de casa que me auxilia con mis hijos". Ninguna ayuda de casa por maravillosa que sea, puede llenar el vacio que la madre deja. Simplemente piensa que por mucha confianza que le tengas y te tenga; podrá claro, curar a tu hijo; podrá incluso, darle algún consejo; pero no puede sustituir la disciplina que necesita oir de tí, tampoco puede sustituir todo el amor que recibe en un abrazo o una sonrisa o un canto tuyo.

Y voy más lejos. Quizas me digas: "Mi mami me lo cuida". Claro que la abuela le llama la atención, lo acaricia, lo mima, le canta... pero ¿realmente alcanza a llenar el vacío de su corazón? Yo creo que no.
Además de que debe ser frustrante para un niño tener una madre y alguien que haga el papel de madre durante un buen rato en el día. Por mucho que sea tu mami, no es tú.

Tú, de quien su papi se enamoró (el otro que interviene en hacer y en educar a tu hijo)
Tú, a quien él eligió para compañera de su vida y madre de sus hijos.

Tu mami no es igual a tí, aunque ella haya sido quien te educó. Porque en tu educación no estuvo sóla; influyó tu padre, el que tampoco es igual a tu papi. Tú eres única e irrepetible. Producto de dos personas que te educaron: tu padre y tu madre.

Mi mamá tuvo la fortuna (y yo con ella) de tener durante mucho tiempo, un empleo que le permitía cuidar de mí y de mi hermana, lo cual ayudó a ser formada por ella directamente. Ella era madre soltera, pero tuvimos la fortuna de que nos educara personalmente por lo menos en nuestros primeros años. Después estuvimos en una buena guardería (una en la que éramos bien poquitos niños y nos cuidaban varias personas recibiendo un trato casi personal) y posteriormente en un internado, el mejor que encontró y en el que personas muy buenas cuidaban de nosotros, pero la educación siempre estuvo a su cargo.

El caso de mi mamá era especial. Y el mío también: ella se hizo cargo de nosotros cuando mis padres se separaron. Era la mamá de mi papá, pero como él se volvió a unir a otra persona, ella se hizo cargo de nosotras de todo a todo. Fuimos sus hijas pues llegamos siendo bebés a ella.
Asi que fué nuestra madre, nos quiso y educó como tal.

Y de la misma manera he tratado de educar a mis hijos: personalmente.
Yo he sido más afortunada aún que mi mamá. He tenido a mi lado a mi esposo, he podido cuidar de mis hijos en casa, es cierto que he ayudado económicamente, pero no saliendo de mi casa, salvo en ocasiones realmente excepcionales, como la tremenda crisis económica del país en 1994; cuando por más que luchamos, terminamos traspasando nuestra casa.

Y reforzando ésta idea he buscado en la Palabra de Dios y encuentro por ejemplo, cuando en Génesis, Dios dice a Eva que parirá a sus hijos con dolor.
No es que sea una maldición, ni nada por el estilo. Simplemente que hasta ése momento, el dolor no existía en el mundo.

Y el parir a los hijos con dolor es cierto, pero no sólo es en el momento del nacimiento. Cada día es un nuevo "nacimiento", cada día se aprende o se refuerza algo. El sacrificarse por los hijos es algo inherente a la mujer.

Muchas se sacrifican dejándolos para ir a trabajar, pero ¿no es también sacrificio y tal vez redunde en más beneficios, el no trabajar, renunciando a tener tal vez más bienes materiales, por atenderlos, por educarlos personalmente?

Yo creo que sí. Definitivamente lo creo.

Veo tantos ejemplos de mujeres que lo han hecho: mi suegra, su hermana, mi propia mamá cuando pudo hacerlo, yo misma. Y ha valido la pena.

Tal vez en ésa diferencia estribe el aumento en la violencia, el aumento en los problemas laborales de los países en los cuales la mujer se ha integrado al ámbito laboral y no lo abandona al tener hijos; el aumento en la delincuencia, en la drogadicción, el aumento en los embarazos juveniles, etc. etc.

Y me pregunto también si no será ésa la causa del desempleo en nuestro país. Me parece tan triste ver a tanto joven sin trabajo; unos porque de plano se han dedicado a la vagancia. Otros, porque no encuentran. Y ver a sus padres trabajando, a sus madres quejarse de que son unos vagos, de que son unos flojos, pero ¿lo son realmente? ¿o les ha hecho falta el incentivo de tener a su madre en casa? o peor aún ¿el trabajo que su madre ocupa, no es el que su hijo necesita?
Tal vez no directamente, pero piensa:
Tú eres sirvienta, cuidas a unos hijos mientras su madre que es licenciada, trabaja. Tu hijo es licenciado.... y no encuentra trabajo. ¿quién está ocupando el lugar que tu hijo necesita?

Tú eres la licenciada a la que la sirvienta cuida los hijos. Y uno de ellos ha decidido ser arquitecto... y no encuentra trabajo. Pero tu amiga que también deja a sus hijos con una sirvienta, es arquitecta. ¿quién está ocupando el sitio que tu hijo necesita?

Tú eres la arquitecta, amiga de la licenciada. Y uno de tus hijos ha decidido poner un negocio, pero sucede que hay demasiados en el ramo que él quiere poner. Y sucede que tu amiga fulana de tal, atiende un negocio como el que tu hijo desea, dejando a sus hijos mientras tanto, con una sirvienta. ¿Quién está ocupando el lugar que tu hijo necesita?

Tú eres la amiga fulana de tal que atiende un negocio y a la que una sirvienta atiende a tus hijos. Y uno de ellos, al no tenerte en casa se ha dedicado sin que lo sepas a delinquir.

Los niños son niños. Y necesitan educarse, necesitan cuidados. Pueden hacerlo solos si se les enseña por supuesto, pero no pueden darse sólos el cariño y los cuidados y atenciones que necesitan.

Falta la mujer en casa. Y no cualquier mujer, sino aquella que parió a los hijos. Porque mi madre no me parió biológicamente, pero lo hizo cada día en que estuvo conmigo: lo hizo cuando cuidó mis enfermedades y revisó mis tareas, cuando compartió todos los momentos que pudo conmigo.

Me gustaría sinceramente que las mujeres nos plantearamos todo ésto y pusiéramos en una balanza los beneficios que nos deja el trabajar o el permanecer en casa.

Tal vez implique un sacrificio. Para mí lo implicó porque trabajé desde los 14 años, estaba acostumbrada a tener mi propio dinero, a comprarme ropa, perfumes, libros, a pasear, etc. etc.
Pero el cuidar a mis hijos no ha sido nunca un sacrificio.
He sacrificado tal vez parte de mí en bien de ellos, pero vale la pena. Después de todo, ¿no es ésa la misión que Dios me encomendó al hacerme madre?
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