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Infertilidad-Preguntas y Experiencias

1. Definición:
¿Qué es esterilidad?
¿Qué es infertilidad?

2. Comenzar y Seguir:
Dónde comienzo?
¿Cuánto tiempo debemos tratar antes de consultar con un médico?

¿Podemos correr el riesgo de abandonar el tratamiento por un mes?

¿El tratamiento continúa hasta que finalmente yo logre un embarazo?

3. Ovulación y Relaciones:

¿En qué período del mes la mujer es más fértil?

¿Cómo puede una mujer saber cuando ovula?

¿Existen otras maneras de detectar la ovulación?

¿Cuán a menudo debemos tener relaciones?

4. Mitos:

La infertilidad ¿es un problema de mujeres?

Nos han dicho que si "nos relajamos", tendremos un bebe. ¿Solo toma un poco de tiempo?

Hemos escuchado que una vez que adoptemos tendremos un embarazo. ¿Verdad?

5. Qué no tienes que hacer:

¿Qué pasa con el cigarrillo, y el beber alcohol? ¿Cafeína?

¿Los baños de tina caliente son nocivos para la fertilidad masculina?


La mayoría de las personas creemos tener control absoluto de nuestro cuerpo y de aspectos tan comunes como la procreación. Por ello, cuando nos enfrentamos a un problema de infertilidad reaccionamos con sorpresa, shock y negación.

Esta respuesta inicial es típicamente seguida de sentimiento de pérdida, fracaso y preocupación constante por el problema: no se puede pensar en otra cosa, postergamos intereses y expectativas

previstas. Comúnmente se desarrolla descontento con la pareja, la familia, los amigos y, sobre todo, con el mundo fértil porque para otras personas es difícil entender que la infertilidad se experimenta como una pérdida similar a la que se vive con el diagnóstico de una enfermedad crónica o una amputación.

Ella
Como en muchas sociedades tener un hijo es considerado la máxima expresión de amor, las mujeres infértiles se sienten devaluadas ante las constantes presiones que eliminan la confianza en sí mismas, la sensación de competencia y de control. Creen ser las culpables ante su compañero y motivo de decepción para el resto de la familia. Otras lo viven como un castigo por conductas previas como sexualidad prematrimonial o extramarital, abortos, promiscuidad, experiencias homosexuales, masturbación e incluso el uso de anticonceptivos. Así, el dolor y los tratamientos estresantes pueden representar una expiación por las acciones pasadas. El enojo por la sensación de injusticia se estimula al ver embarazadas o bebés (envidia y celos).

El
Por su parte, las respuestas psicológicas del hombre se asocian con la incapacidad para embarazar a su compañera, es decir, con su virilidad. Algunos buscan evadir esta sensación a través de relaciones extra maritales, alcohol y drogas. Para la mayoría es humillante y devastador saberse con una disfunción de este tipo.

La pareja
Desde luego, el impacto de la infertilidad también se experimenta en forma conjunta. Las mujeres tienden a ser más expresivas en sus emociones que los hombres, muestran su angustia y depresión. El varón es propenso a contener sus emociones porque sienten la responsabilidad de ser la parte fuerte, el pilar que sostiene la relación. Cree que si expresa lo que siente se van a derrumbar. Ella puede interpretar el silencio como falta de interés y exagera sus quejas en busca de atención. Se generan sentimientos de abandono, resentimiento y en el momento en que los dos se necesitan, se separan.

No lograr el embarazo se vuelve una preocupación constante y los otros aspectos de la vida se subordinan. En el ámbito sexual el coito pierde satisfacción, ternura y acercamiento afectivo: se deja de hacer el amor para tratar de hacer bebés. El síndrome de "esta es la noche" cambia el propósito del contacto sexual.

La culpa hacia el otro afecta gravemente la relación de pareja. La persona en quien se determinó la baja fertilidad siente una inmensa responsabilidad por privar al otro de la paternidad. Por otro lado, la mujer o el varón no afectado puede sentir enojo hacia el otro o culpa por ser impaciente ante la difícil situación.

La familia
La falta de aceptación social les conduce a no querer revelar su problemática y concluyen que nadie los entiende. Son propensos a aislarse como protección ante sentimientos de anormalidad, rechazo, abandono y de no ser amados.

Buscar apoyo
Normalmente en toda esta experiencia se tiene altas y bajas emocionales. Si se permanece durante tiempo prolongado con los síntomas descritos es recomendable buscar apoyo de un profesional de la salud mental. La ayuda contribuirá a examinar los sentimientos, determinar las prioridades y mejorar la capacidad de adaptación ante esta situación tan difícil. También es de gran utilidad para tomar decisiones bien sustentadas enfrentar los tratamientos médicos y quirúrgicos que se requieran, entender las emociones físicas y emocionales, así como explorar otras opciones como la adopción y la vida sin hijos. Se requiere de un apoyo que promueva la comunicación con la pareja, disminuya la tensión y el resentimiento; que ofrezca estrategias en el control de la ansiedad y la depresión. Es necesario ordenar sentimientos, reforzar habilidades de adaptación y, sobre todo, comunicarse mas con la familia, los amigos y el médico.

"Nosotros tendremos éxito"

"La primera vez que mi esposo y yo empezamos el tratamiento estábamos muy optimistas. Desde luego nosotros sabíamos que teníamos un 25% de oportunidad de éxito pero aún así... Seguimos todas las instrucciones cuidadosamente. No me importaron demasiado las inyecciones. El equipo de FIV fue muy simpático y le dije a mi jefe en el trabajo, entonces él entendió cuando llegué tarde al trabajo o quise irme antes a casa. Usted podría decir que el tratamiento iba como de libro. Mi esposo fue de gran apoyo e incluso ayudaba a preparar mis inyecciones y me recordaba inyectarme (como si yo pudiera olvidarlo por un minuto). Fue el período más intenso en mi vida. Por eso, cuando la terapia terminó (mis óvulos fertilizados y embriones implantados) y me llegó mi menstruación, me puse muy triste. Me pilló desprevenida, aún cuando yo sabía los riesgos. No hay problema para nosotros en empezar por segunda vez, por eso vamos a intentarlo. Y todavía estamos esperanzados porque vemos a muchas parejas exitosas alrededor de nosotros."

Fernando y Marcia

"Para una pareja que alguna vez fue infértil, la vida continúa siendo un milagro"

Ingeborg ya había renunciado a la idea de tener hijos. Después de trabajar como aeromoza, sufrió de una serie de infecciones estomacales y una historia de quistes ováricos. Esta situación tuvo como consecuencia la extirpación de una de sus trompas de Falopio a los 21 años de edad. Siete años más tarde, después que se le extirpó la segunda trompa de Falopio además de un ovario y parte del tejido cicatrizal residual, el cirujano le dijo: "Es dudoso que pueda tener hijos, pero afortunadamente vivimos en tiempos modernos. Quizá algo se descubra".

Hoy, ella rememora la historia en su cómoda casa en La Haya, Holanda, que comparte con su esposo Frits y su hija de tres años, Eva. Cuenta cuán choqueada y enojada se sintió en ese entonces, no solamente por las palabras del doctor, sino que también por el hecho que le habían extirpado su última oportunidad de tener un hijo junto con los quistes. "Sin embargo, no soy del tipo que se sienta en un rincón a llorar. Pensé, bien, así están las cosas. Cuando me casé con Frits, ya le había contado que no podía tener hijos, así que planeábamos comprar un velero y yo iba a retomar mis estudios de leyes".

A pesar de sus planes para concentrarse en una carrera, cuenta: "Algo dentro de mí me decía que intentara tener un hijo por medio de la fertilización in vitro (FIV), cuando escuché hablar a mi ginecólogo al respecto. Sin las trompas, éste era el único método que podía intentar para quedar embarazada".

Fue a un pequeño hospital que se especializa en FIV, donde se hizo todos los exámenes preliminares. "El día que íbamos a comenzar el primer tratamiento, encontraron un quiste en mi otro ovario y analizaron si posponer la cita para un mes más. En un principio me sentí desalentada y estaba apunto de darme por vencida, pero gracias a la insistencia de mi esposo, extirparon el quiste esa tarde y comenzamos con el procedimiento".

Se le administraron inyecciones de Puregon®, el cual se le describió como una nueva preparación hormonal revolucionaria para el tratamiento de la infertilidad. Ella recuerda que durante el proceso de FIV, "hay cierto tipo de presión, y uno está consciente que las probabilidades de éxito son muy pequeñas. En cambio cuando una pareja fértil quiere tener un bebé, toman la decisión y lo intentan hasta tener éxito. Al principio todo parece demasiado antinatural", dice ella de la experiencia.

"Uno se enfrenta de manera intensa a la incertidumbre las 24 horas del día durante un período de dos semanas. Primero están las inyecciones, luego hay que ir al hospital a hacerse un examen para ver cuántos folículos hay y cuánto han crecido. Después te inyectan otra hormona para liberar los folículos y deciden cuándo sacarlos. Y por último, mi esposo tiene que ir a una habitación y eyacular sus espermatozoides".

Tres semanas después de esta penosa experiencia ‘antinatural’, cuando estaba a punto de inscribirse en la Escuela de Leyes, ellos recibieron la noticia que Ingeborg estaba embarazada. Uno de los dos embriones que fue puesto nuevamente en su útero se había implantado. "Pero siempre es así, ¿no?", dice con una sonrisa. El embarazo fue típico. Estuvo enferma los primeros meses, subió alrededor de 50 libras y no tuvo complicaciones. "Una vez que pasaron las náuseas del embarazo, me sentí perfectamente, de maravilla", recuerda. "Y sin embargo aún me sigo preocupando, cómo puede esto estar bien. Seguro algo terrible me va a pasar. Cuando Eva nació, no podía soportar mirarla, tenía tanto miedo que pudiera haber algo malo. Pero Frits me aseguró que todo estaba bien. Y lo estaba. La amamanté y todo era realmente natural. "Tres años más tarde, después de haber sobrevivido a una fiesta de cumpleaños llena de pequeños de tres años, ella admite que "aún es tan extraño", mientras los ojos se le llenan de lágrimas de felicidad.

"Después del prolongado y arduo trabajo de parto, no quise alterar el destino. Entonces pensé que sería bonito que Eva tuviera un hermano o una hermana. Y también lo sería para nosotros. Pensamos que debíamos intentarlo y si no resultaba siempre podríamos decirle a Eva que lo intentamos. Llamé al hospital y les dije que estaba lista. "Al igual que antes, dos de los huevos de Ingeborg que habían sido fertilizados con los espermatozoides de su esposo fueron colocados nuevamente en el útero. Están esperando la llegada de su segunda hija.

Después de este nacimiento, ¿pasaría por esto nuevamente? "No, porque para nosotros dos hijos son suficientes. Pero si hubiera querido cuatro hijos, ciertamente lo haría. Hoy en día cuando se habla de FIV, uno escucha muchas historias de personas que intentan con este método y tienen éxito. Cada vez es más aceptado a diferencia de 10 a 15 años atrás. Muchas personas no entienden como funciona la FIV. Creen que es extraño, como si el bebé en realidad creciera fuera de la probeta, o que Frits no es el padre. Pero obviamente sí lo es. Simplemente fertilizan mi huevo con sus espermatozoides fuera del útero, y luego lo colocan nuevamente. Es tan simple como eso. Pero no quiero parecer que doy todo por sentado", enfatiza. "Especialmente después de descubrir a temprana edad que no podría tener hijos. Me siento muy afortunada. Y para mi esposo y para mí, continúa siendo un milagro".

"Experiencias con ICSI"

Nuestra experiencia es probablemente similar a la de muchas otras parejas que, por largo tiempo, trataron de tener un hijo pero, como todas las experiencias, puede resultar de alguna utilidad a muchas personas que, como nosotros, tuvieron que vivir momentos tan difíciles por los cuales se necesita una fuerza interior cada vez más grande.

Hace cuatro años empezamos pensando en un niñito. Claro, todos saben que normalmente no ocurre al primer intento. Así que no nos desanimamos demasiado y continuamos en el intento. Bueno, después de un año y medio sin lograr un embarazo, decidimos que había llegado la hora de ver a algún especialista.

Fue así que empezaron estos dos años y medio de tratamiento. Tratamientos hormonales, fertilizaciones intrauterinas, exámenes y más exámenes... Desgaste económico claramente pero, en particular, psicológico. La pareja necesita mucha fuerza para superar junta estas pruebas y los fracasos repetidos. Te deprimes, y muchas veces tienes ganas de dejar todo, para no sufrir más. Pero si piensas que tu sueño es llegar a tener un hijo, bueno, ya verás que también eso te pasa, que la esperanza, como se dice, es la última en morir.

Y así llegas a los tratamientos más caros que, de alguna manera, terminan para ser también tus últimas esperanzas. El tratamiento hormonal para prepararnos a la ICSI fue bastante fuerte, con medicamentos que por un lado impiden que ovules antes del tiempo y, por el otro, hormonas que estimulan la producción de folículos, en el caso especifico Puregon. Mi cuerpo no hubo ninguna reacción adversa a ese medicamento, y los cambios en la dosis que de día a día el doctor me proponía, lograron llegar a un número suficiente de folículos y de buena calidad. En cuanto los folículos alcanzaron un buen estado de maduración, fueron aspirados, fecundados in vitro y después de 48 horas transferidos en el utero. En esos días te sientes rara. Es una larga espera, donde conviven la esperanza que todo salga bien y, así mismo, el deseo de no soñar demasiado, porque la decepción podría ser tan grande como para no poder ser tolerada. Los días pasan y de repente ya es el momento del examen de la sangre. Y entonces la espera de la llamada del doctor que, en nuestro caso, llega algunos días antes de Navidad, para decir que había funcionado: íbamos a ser papás.

Fue así que empezó esta nueva etapa de nuestra vida juntos. Un bebé en camino y en esos momentos casi se te olvidan todos los malos momentos que tuviste que vivir. Son 20 semanas ahora y te parece de haber tenido este bebé en tu guata por todos esos cuatro largos años. Porque la verdad es que ese bebé ha vivido en nuestra mente durante todo ese tiempo y ahora nuestro sueño se ha hecho realidad.

Esperamos que esa carta pueda ser de ayuda a las parejas que todavía están en tratamiento de infertilidad y que, ojalá, les dé alguna esperanza más de que un día ellas también realizarán su sueño. Lo importante, según nosotros, es no dejarse vencer del pesimismo y continuar luchando.

Angela & Jeroen

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